Nómadas digitales

Con la pandemia, el home office ya no es una alternativa sino un modo cada vez más extendido de entender el mundo del trabajo. Sin horarios fijos ni oficinas, sólo una buena conexión a internet basta para ser operativo desde cualquier lugar del planeta.


No está escrito en ningún lado, aunque flota como una verdad tácita: si la aventura es peligrosa, la rutina es mortal. Muchas veces, el camino se ve pero no se sabe con precisión hacia dónde nos lleva. Y, muchas otras, el goce se posa, simplemente, en recorrerlo. Si la idea de ver el atardecer desde distintos lugares del mundo resulta inspiradora, el sendero de los que transitan la vida como nómades digitales puede ser el correcto.

Suena a chiche de pocos, se ensancha como realidad de muchos. ¿“Nómade digital” dijimos? Sí, en lo formal, un nómade digital es una persona que utiliza internet para desempeñar su ocupación de forma remota, sin ataduras, permitiéndole tener una “vida nómade”. De acá para allá, de allá para acá: da igual. “Los sueños no se cumplen, se trabajan”, se imprime usualmente sobre esas cuentas de Instagram llenas de cursilerías y bajo la insoportable levedad del mindfulness. Pero acá puede que sí, tal vez sí, vaya a saber si sí, algo de razón tienen: se puede soñar con vivir viajando.

“Quienes eligen ser nómades digitales lo hacen principalmente motivados por el deseo de trabajar y viajar a la vez. Buscan tener la movilidad como estilo de vida”, amplía Marcos Chiabo, co-founder & CMO de ASSIST 365. Según datos de MBO Partners, los nómades digitales crecieron un 49 por ciento entre 2019 y 2020. Y, además, el trabajo remoto se impulsó un 80 por ciento. Claro, la pandemia tuvo que ver: si a partir del aislamiento social, internet se convirtió en la herramienta principal para trabajar, la ubicación geográfica determinada pasó a ser una consideración secular.

De hecho, así lo afirma un estudio publicado el año pasado por la consultora McKinsey, en el que más de 5.000 empleados que trabajan full-time declaran aspirar a trabajar de forma remota. “Estas personas no tienen lugar para pensar en una casa con hipoteca o sacar un plan de ahorro para un cero kilómetro, sino que buscan generar ahorros viviendo en ciudades de bajo costo y viajar para conectar con experiencias locales diferentes”, sigue Chiabo. Su mochila es su oficina y, a la vez, su casa.

“Me considero un nómade digital, y si acaso aún no lo fuera, me pienso profesionalmente con ese horizonte”, confiesa Carlos Maidana, periodista que publica contenido evergreen para Diario Libre de República Dominicana y que, durante la pandemia, trabajó para la Argentina desde Bangkok, Tailandia. “Está claro que la vida laboral te va llevando por diferentes caminos y hay oportunidades que se presentan, pero otras tantas se pueden construir. Trato de pensar y de proyectar esas oportunidades que se pueden construir sin la necesidad de que se hagan desde algún lugar en específico”, expande.

Debido a las restricciones, el turismo al exterior estará limitado durante todo 2021 y, posiblemente, durante gran parte de 2022. Por caso, es muy probable que se vean muchos viajes nacionales o los que comúnmente se conocen en el sector como “turismo rural” o “de cercanías”. “Sin embargo, hay algunos nichos de viajeros que no se vieron afectados y hasta viajaron más, como es el caso de los nómades digitales”, sorprende Chiabo.

En los Estados Unidos, esta tendencia es verdaderamente considerable: MBO Partners asevera que son más de 17 millones de personas las que, en los próximos dos años, tienen en sus planes convertirse en nómades digitales. “Considero como una ventaja sustancial la de moverme con mi trabajo”, suma Ignacio Gobet, que trabajó en ingeniería de software desde los Países Bajos, Egipto y algún que otro lugar de Europa. “Mi trabajo ocurre sin que uno se dé cuenta desde dónde está. Virtualmente, no hay diferencias. A excepción de lo que otorga la presencia física, que en el caso de ingeniería no tiene el peso que tiene en otras áreas”, detalla.

En el mundo de los nómades digitales, la libertad es un valor trascendental. Por caso, esa “libertad” (en un guiso complejo y variado que contiene freelancers, emprendedores y trabajadores por cuenta ajena) permite tener soltura, movimiento y la posibilidad concreta de trabajar desde cualquier parte del planeta. Un gesto que fue bautizado cariñosamente como “traviajar”.

“El nomadismo existe desde hace mucho tiempo, pero la pandemia, el teletrabajo y las nuevas profesiones digitales hacen que siga creciendo exponencialmente”, dice Chiada, quien desde ASSIST 365 ya diseñó nuevas coberturas para nómades digitales que comprimen desde consultas médicas online (telemedicina), chequeos de rutina, medicina preventiva, cobertura por robos y hasta turnos en laboratorios validados para hacer test de covid-19.

En este tiempo, se naturalizó el uso de las reuniones online (Zoom, Google Meet y un tendal de apps que llegaron para quedarse) y, mientras haya conectividad, principal aliado del nómade digital, habrá trabajo. “Hay tareas que efectivamente pueden hacerse a distancia sin la necesidad de estar en ‘el lugar de trabajo’. Después, hay otros yeites que te faltan, como sociabilizar con tus compañeros, ver gente, charlar y demás. Pero el laburo lo podés hacer desde cualquier lugar”, advierte Maidana, quien por estos días, circunstancialmente desde Buenos Aires, ya planea su próximo viaje a Madrid, uno de sus destinos favoritos.

Dentro de las cifras destacadas por el sitio especializado STORAGECafé, el 65 por ciento de los turistas permanentes tienen entre 20 y 34 años; un 29 por ciento tienen entre 35 y 41, y un 6 por ciento, entre 42 y 55. Entretanto, más del 70 por ciento tiene, al menos, un título universitario y lleva un promedio de gastos de más de USD 6.300 por estadía.

“Cuando se le conceden libertades en el ámbito laboral, uno valora y cuida más su trabajo. O, al menos, ese fue el impacto que tuvo en mí. Desde que viajo, soy un mejor trabajador”, confiesa Gobet. La pandemia aceleró la implementación del teletrabajo y la descentralización de las empresas. Mientras algunas compañías empiezan a reabrir sus puertas, los trabajadores remotos debaten su futuro: ¿el trabajo en relación de dependencia sigue alineándose con las pretensiones de siempre?

Pero hay más, mucho más. Y allá vamos: acaso, ¿llegó la hora de la “ubicación independiente”? ¿Se puede tener una existencia nómade y mantener el trabajo “de toda la vida”? ¿Las empresas tradicionales se adaptarán a esta “nueva demanda”? ¿La fantasía del cambio es un señuelo o una solución? ¿Viajar para trabajar será realmente como te lo pintan? ¿Cuánto mediará en todo esto la caballería del entusiasmo?

Por ahora, y sólo por ahora, no hay respuestas a estas preguntas, pero sí una frase que dicen que dijo el filósofo chino Lao-Tse: “Un buen viajero no tiene planes fijos ni la intención de llegar”. Más acá, sin demasiados simbolismos ni hermetismos, esto escribió el japonés Bashō en uno de sus haikusmás populares: “Admirable/ aquel que ante el relámpago/ no dice ‘la vida huye’”. Viajar, antes de que todo esto termine. Pero antes, mucho antes, como algunos eligen y otros anhelan: viajar para vivir.

En los Estados Unidos, esta tendencia es verdaderamente considerable: MBO Partners asevera que son más de 17 millones de personas las que, en los próximos dos años, tienen en sus planes convertirse en nómades digitales.

Nuevos aires

Buenos Aires se convirtió en una ciudad poblada por miles de nómades digitales. Según Nestpick, la plataforma en línea para viviendas a pedido, Buenos Aires es la segunda ciudad de América latina más elegida por los millennials.

A la sazón, tres emprendedores argentinos (Pablo Di Filippo, Pablo Alemán y Alan Packer) comenzaron hace dos años a desarrollar BeNomad, una startup que acaba de desembarcar en el ecosistema emprendedor y cuyo propósito es que profesionales independientes, freelancers, estudiantes y empresas que quieran darles una mejor experiencia de trabajo a sus equipos puedan elegir mediante geolocalización los mejores espacios (hoteles, bares y restaurantes) donde desarrollar sus actividades. “Se trata de conectar la necesidad del usuario, que podrá trabajar donde lo necesite en el momento en que lo necesite y con las condiciones de confort y operatividad que se adapten a sus cambiantes requerimientos, con la de los owners de bares y restaurantes, que obtendrán mayor volumen de ventas en tiempos ociosos, ingreso de nuevos clientes por pertenecer a la comunidad BeNomad, mayor visibilidad y exposición de su marca e instalación wifi de alta velocidad como elemento diferenciador a cargo de la aplicación”, explica Di Filippo.

El servicio ofrece distintos tipos de membresía de acuerdo con el perfil de usuario: Corporate (B2B); Flat (sin límite de uso) y hasta una opción ultraflexible de membresía temporal, por hora. Por el momento, los espacios están ubicados en CABA, GBA y La Plata, pero tienen pensado expandirse en un futuro cercano por el resto del país.

El Planeta Urbano